Destino de Calidad, Parque Nacional de Monfragüe

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Las características fisiográficas del Parque Nacional de Monfragüe, con un terreno montañoso y de suelos pobres, hacen que sea poco apto para el desarrollo de la agricultura pero sí para ganadería, generando una cultura pastoril como rasgo dominante de la sociedad y la economía extremeñas. Rasgos que permanecen vivos en el tiempo y que hacen que Monfragüe siga siendo hoy día un espacio reconocido por la UNESCO como Reserva de Biodiversidad.
El Parque Nacional de Monfragüe es la penillanura modelada por el hombre en forma de dehesa, como modelo respetuoso de explotación del medio. El corazón del Parque es la sierra, un relieve apalachense, intensamente plegado, fracturado y erosionado, responsable de la diversidad bioclimática (laderas de solana y umbría) y paisajística (Salto del Gitano, Portilla del Tiétar, Peña Falcó, Cerro Gimio). En las formaciones de cuarcita anidan las mayores colonias de grandes rapaces de Europa (Buitre negro, Buitre leonado, Alimoche, Águila imperial ibérica, etc). Dos grandes ríos (Tajo y Tiétar) y multitud de arroyos configuran la red fluvial del Parque, que circula profundamente encajada, aprovechando las fallas del terreno, y aportando un elemento más de diversidad ambiental, con las típicas formaciones de bosque de galería (fresnos, alisos, sauces, chopos).
Desde el Calcolítico (abrigos con pintura esquemática) hasta la Edad Media (castillo y ermita) el hombre habitó las zonas serranas de Monfragüe, pasando a habitar en las zonas adehesadas tras la Reconquista. En ese momento se configura el poblamiento concentrado actual, que deja enormes espacios vacíos, ocupados por grandes propiedades rústicas que combinan la dehesa (explotación mixta agrosilvopastoril) con zonas de monte y sierra como refugio de especies cinegéticas (ciervo, jabalí, conejo, …).
Monfragüe era zona de paso obligado en el camino natural entre Trujillo y Plasencia, reforzado por su condición de Cañada Real para el paso del ganado. El fenómeno natural de la trashumancia, reglamentado en el s. XIII, fue de gran importancia económica y medioambiental en el pasado, y representa un importante legado cultural que exige medidas de conservación y protección para que permanezca vivo.
El tránsito de este camino fue objeto de protección real en tiempos de Carlos III, fundando de la aldea de Villarreal de San Carlos como medio de repoblar la zona serrana y acabar con el problema de los salteadores de caminos.
Del compromiso entre el hombre y su medio natural, con toda su carga histórica y patrimonial, se derivan acciones tendentes a mejorar la actual realidad del Parque Nacional de Monfragüe, con el objetivo de ofrecer al visitante el mejor ejemplo de conservación ambiental, pero también un espacio de disfrute donde practicar actividades lúdicas como el senderismo, la observación de aves, la observación de estrellas, o asistir a espectáculos naturales como la berrea.

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